Y cuando hizo a la mujer, me la enseñó y se la robé.
Yo tengo el original, que no es la costilla de Adán sino la costilla de Él.
Un poeta gaditano ya desaparecido, en forma de ángel caído, dejó estos versos que siempre que suenan y resuenan generan en mi mente un enorme desgarro vital al lamentar lo difícil que ha sido siempre para las mujeres vivir plenamente su condición femenina a lo largo de la historia. Estamos en tiempos de regresión y, como dijo otro poeta, aunque los relojes no se mueven hacia atrás, ni el viento ni la experiencia, tampoco debería hacerlo nuestra conciencia. ¿Cuántas mujeres cayeron y desaparecieron, o fueron borradas de la faz de la tierra, bajo el designio impertérrito del hombre por no seguir los “mandamientos” que la sociedad misógina y patriarcal marcaba al dictado de los versos de los “libros sagrados”? Cuando no pudieron encorsetarlas en los cánones establecidos para ellas las expulsaron de la sociedad bajo el nombre de brujas. Es necesario plantearse el sentido de las palabras, la etimología de estas, pero sobre todo es vital realizar un análisis de su recorrido por la historia.
Empezando por nuestros días, todavía recuerdo en 2021, en una sesión del pleno del congreso, cuando un diputado de VOX, hombre, español y católico, profirió como insulto, por su parte, a una diputada socialista la palabra BRUJA. Es curioso también comprobar cómo la palabra cuando se aplica al género femenino tiene una connotación claramente negativa que no tiene para el género masculino. Estas cargas no son fruto de la casualidad, que nunca existe en la historia. Es necesario entrar en la causalidad que explica esta realidad tan profunda, tan histórica y a la vez tan presente, por desgracia, en nuestra sociedad. Para ello se hace muy necesario cuidarse de estos modernos y “actualizados” cazadores de brujas. Pero ¿qué eran las brujas?, ¿existían como el imaginario popular las ha mantenido vivas o fueron algo más cotidiano y coercitivo a la vez hacia la figura de la mujer?
Desde el siglo XV, la literatura ha sido muy prolífica en asuntos de brujería y magia oscura. La historia de Europa, hasta principios del siglo XVIII, está bien cargada de cuestiones relativas a la brujería. Es curioso comprobar que, detrás de los procesos contra las brujas, no había más que mujeres que intentaban romper el rústico corsé que las normas sociales les habían impuesto. La historiografía europea presenta a estas mujeres con un fuerte espíritu de revuelta y subversión contra lo establecido por el Estado y por la religión, ante la que los hombres veían en peligro su dominio y sus privilegios, por eso fueron presentadas como las aliadas de Lucifer, dejándolas así fuera de la sociedad. ¿Qué esconde en nuestros días el insulto y la persecución a las que defienden los derechos de las mujeres y su pleno desarrollo en absoluta libertad? Esconde las vestimentas de los inquisidores del siglo XVII, aunque no es necesario disimular para ver que aspiran a convertirse, cada vez con mayor descaro, en cazadores de brujas, o en términos actuales “cazadores de feminazis”.
Una madre soltera o en segundas nupcias era una bruja, una mujer que tenía relaciones extramatrimoniales era una bruja, una mujer que aspiraba a ocupar espacios reservados al hombre era una bruja… Estas transgresiones al Mandato Divino tenían como único horizonte la hoguera, la flagelación pública, la lapidación, el ahogamiento o la estrangulación. El desprecio a la condición femenina, muy arraigado en ciertos sectores de la sociedad y doctrinas políticas, está presente en la retórica contra la mujer que dio comienzo con la patrística latina, siendo un elemento de preocupación para la Iglesia cristiana la regulación de la sexualidad de la mujer desde su refundacional siglo IV. Dando un salto llegamos a nuestros días y seguimos viendo cómo se sigue hurgando en lo sexual y reproductivo en lo que respecta a la mujer desde los mismos parámetros mentales que hace más de 1.500 años.
La hoguera y la condena pública fueron instrumentos que sirvieron para frenar la demanda que la mujer realizaba de un lugar común en el espacio público con el hombre, porque el ámbito privado era la tarea que los “usos y costumbres” habían imputado a las mujeres. Hoy, calificativos como “loca”, “desequilibrada”, “feminazi”, etc. tienen un fino hilo que los une al de bruja de otros tiempos. Hoy, aquellos que “cazaban” brujas cual inquisidores con el Malleus Maleficarum en sus manos son los que no pueden concebir una sociedad feminista con hombres y mujeres enarbolando mano a mano esta bandera y esta lucha. Son los que atacan cada vez más deliberadamente la lucha de la mujer y son los que empujan para que todo vuelva a su “orden natural”: la mujer en los espacios privados del hogar, como la “perfecta casada” que Fray Luis de León perfiló en el siglo XVI y que el franquismo moldeó a martillazos durante cuatro décadas, y el hombre dominando los espacios públicos de la vida social y política.
Brujas y Feminazis, perseguidas y torturadas, ayer y hoy… Mujeres que nunca pudieron ser la costilla de Adán, porque fueron el origen entero del mismo. Mujeres que fueron estigmatizadas, aunque en realidad fueron la fuerza invencible de toda su historia junta. Una batalla incesante de las mujeres, de las mujeres independientes, viudas o solteras, perseguidas antes y señaladas ahora; de las mujeres sin hijos, porque controlar su fertilidad fue y sigue siendo un anatema contra las mujeres que defienden derechos amenazados como el aborto; y de las mujeres mayores especialmente, convertidas desde entonces en objeto de aversión.
Shahrukh Husain, escritora pakistaní, decía sobre las brujas que sus historias siempre se han caracterizado por resaltar la independencia feroz del personaje de la hechicera, así que no es ninguna sorpresa que el arquetipo de la bruja se haya popularizado de nuevo en una generación de mujeres que desea reivindicar su autonomía.
En la obra de Husain se aprecia la siniestra historia que, durante 300 años, entre 1450 y 1750, hizo sucumbir a las mujeres bajo el duro martillo inquisitorial de los cazadores de brujas. Estos fueron alentados por los altos cargos de la Iglesia y la monarquía. Entre 35.000-100.000 personas fueron ejecutadas por este motivo, entre las cuales al menos un 80% fueron mujeres. La represión de las mujeres que se atreven a desafiar las normas sociales sigue provocando respuestas agresivas, como el acoso sexual, la violencia generalizada contras las mujeres y el hostigamiento en el lugar de trabajo, que menoscaban la autoestima femenina, violan los derechos humanos de las mujeres y tienen graves efectos psicológicos. Por eso, y no por otra cuestión, es una frivolidad y un absoluto desprecio no reconocer la persecución y el arrinconamiento social y cultural que ha sufrido la mujer para solo poder ser lo que la visión masculina de la historia les ha permitido ser. La violencia de género no es un compendio solo de cifras, es la tragedia milenaria que refleja la propia piel de las mujeres. Por eso, y por justicia, el feminismo es la única manera de ser y estar en el siglo XXI.
Hago mía las palabras de Shahruk Husain para terminar esta columna: Para mí, la bruja es el ejemplo definitivo de la feminidad, con toda su complejidad. Sus historias siguen aguardando luz. ¡Un festín de ira, burlas, risas, luchas y la victoria final de la bruja! No nos hemos olvida de ti, bruja. Te saludamos y te celebramos.
