
El documento del presente mes es un expediente compuesto por más de 15 documentos, iniciado en 1918 y cerrado a finales de 1920, lo que no significa que el asunto tocara a su fin igualmente. Se nos presenta un expediente que nos ilumina sobre aspectos muy relevantes acerca de la articulación del territorio de lo que hoy constituye el municipio de El Cuervo y sus relaciones sociales, económicas y políticas con los territorios de sus alrededores (Lebrija, Trebujena, Las Cabezas de San Juan y Jerez de la Frontera). A inicios del siglo XX, la red de carreteras de la provincia de Sevilla experimentó un importante impulso debido a la necesidad que había de mejorar las comunicaciones para el fomento de la actividad entre los núcleos agrícolas, los mercados comarcales y las estaciones ferroviarias. Es en este contexto en el que ubicamos el expediente de declaración de utilidad pública del camino vecinal que unía Lebrija con El Cuervo.
Lebrija era ya un centro agrícola de primer orden dentro de la campiña sevillana. Cuando hablamos de El Cuervo de aquellos años, del 18 al 20, hemos de tener presente que su geografía urbana estaba conformada por un paisaje de cortijos, ventas, lagares y chozas, con alguna incipiente construcción que marcaba los primeros atisbos de urbanismo incipiente entre el nudo de ferrocarril Sevilla-Cádiz (Estación de El Cuervo) y el antiguo Camino Real (Carretera A-4). Esta vía de comunicación se hacía vital para poder mover productos hacia el ferrocarril y hacia los mercados locales de su entorno.
La iniciativa surgió de manos del entonces alcalde pedáneo, Francisco García Del Cerro, y de diez vecinos propietarios de El Cuervo. Asistimos, pues, a un hecho que va a recorrer los años 1918, 19 y 20, coincidiendo con un contexto social y político muy tensionado en términos sociales y políticos y que explica, desde lo micro a lo macro, el sentido del establecimiento de una comunicación más fluida y directa entre el pueblo matriz de Lebrija y la creciente aldea de El Cuervo. El presente expediente responde a cuatro necesidades fundamentales:
- Facilitar el transporte de los productos agropecuarios.
- Articular el territorio.
- Modernizar la red de caminos vecinales.
- Comunicar la creciente población de El Cuervo con el núcleo matriz de Lebrija (orden público).
Atendiendo al contexto de España, después de la crisis de 1917, el sistema de la Restauración tuvo que enfrentarse a un inevitable desafío en lo político, dado que hasta 1923 la única fórmula para la constitución de gobiernos fue la de la concentración o “gobiernos nacionales”. Estos tres años, 1918, 1919 y 1920, serán trascendentales porque van a concentrar toda una serie de problemáticas que venían de atrás: la cuestión marroquí, el ascenso, organización y reivindicaciones sociales de la clase trabajadora, la cuestión catalana y la agonía del régimen canovista. Todos estos frentes, coincidieron en el periodo 1917-1923 para culminar en el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera (septiembre de 1923). En Europa, y por ende en España, tenían cada vez más fuerzas los movimientos políticos que surgieron tras la Gran Guerra: el comunismo y el fascismo. En realidad, la Primera Guerra Mundial propició transformaciones de profundo calado en toda Europa. Las elites dirigentes trataron de resistir las exigencias de democratización política nacidas de la protesta protagonizada por diversos grupos sociales, mediante la adopción de programas de reformas que generalmente fracasaron. Las masas trabajadoras exigieron una distribución más justa y equitativa de la tierra, el reconocimiento de numerosos derechos cívicos y políticos o un estado más participativo, donde se escuchase su voz y sus específicas demandas. el fascismo emergió como una propuesta ideológica declaradamente antiliberal dotada de elementos marcadamente ultraconservadores, que basó buena parte de su capacidad de movilización en su apuesta por la contención del comunismo y las izquierdas, la implantación de un férreo orden social basado en la primacía de un estado marcadamente autoritario y la restauración del orgullo patrio logrado mediante la exaltación de un modelo sacralizado de nación, dispuesto a poner fin al individualismo egoísta y materialista auspiciado por el liberalismo e instalado sobre el definitivo aniquilamiento de la división social y los odios de clase espoleados por el marxismo o el comunismo[1]
La España de 1918 abría el año con una importante carestía y una profunda escasez de subsistencias que ocasionaron durante todo el mes de enero numerosas manifestaciones en todo el país, protagonizadas muchas de ellas por mujeres. Durante el verano de 1918, en agosto, tuvo lugar en Andalucía un fuerte movimiento de protesta del campesinado andaluz contra la carestía y en demanda de mejores condiciones laborales. Iniciado en 1918, el asunto catalán recorrería todo el año 1919, en forma de Estatuto de Autonomía para Cataluña elaborado por la Mancomunidad, aunque el proyecto sería rechazado por el Parlamento español, sumando a esta tensión política la explosión social que recorrió los primeros meses del año en la ciudad de Barcelona. En los meses de abril, mayo, junio y julio se sucedieron varios gobiernos, símbolo de la debilidad e incapacidad de hacer frente a las principales problemáticas del país sin las mayorías artificiales que el sistema canovista había otorgado a liberales y conservadores antes de 1917. En diciembre, la patronal catalana respondía a las protestas obreras con las fórmulas del lock out y el pistolerismo, generando así un clima de violencia insostenible, con asesinatos de dirigentes obreros y empresarios. La fórmula del amarillista Sindicato Libre, apoyado por la patronal, para terminar con la preponderancia sindical de la CNT se hizo presente en toda la geografía española. Los gobiernos de concentración seguían sucediéndose en ambiente social crispado y tensionado ante la ineficaz respuesta de las autoridades.
1920 es otro año que nos ocupa en el recorrido de nuestro expediente de El Cuervo y que verá en el ámbito estatal una vuelta de tuerca en la “guerra social” que ya se libraba entre la patronal y la clase trabajadora y que llevó a que se declarara a la CNT ilegal. La inestabilidad política se apreciaba, de nuevo, en el cambio de gobierno que tuvo lugar en mayo con la llegada de Dato y los conservadores que, tras varios meses en el poder, tuvieron que convocar elecciones en diciembre del mismo año. Mientras tanto, la aventura colonial africana, con epicentro en Marruecos agitaba las tensiones sociales y añadía un elemento muy impopular a la vida, extremadamente complicada, de la clase trabajadora española y, por extensión, andaluza. Un punto de inflexión, de cara al año 1923 y al golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera, sería el desastre de Annual en Marruecos (derrota ante las tropas de Abdelkrim y pérdida de más de 9.000 vidas) que acabó generando una ola de indignación en la península contra la guerra, más si cabe cuando se comenzaron a descubrir los intereses y entresijos del propio monarca Alfonso XIII de la mano de empresas española en las tierras rifeñas.
Para referirnos a estos años en Andalucía y en la comarca del Bajo Guadalquivir, acudimos a la obra de Juan Díaz del Moral “Historia de las agitaciones campesinas andaluzas” de 1929. Son los años del denominado “Trienio Bolchevique”, denominación acuñada por los sectores conservadores para conectar las protestas y levantamientos sociales de estos años con lo ocurrido en Rusia en 1917. Para el historiador Manuel González de Molina, se trata de un movimiento protagonizado por jornaleros o trabajadores del campo que tuvo un amplio eco en la prensa y que puso la cuestión agraria de nuevo en el centro del debate nacional. El marco andaluz y local (Lebrija – El Cuervo) presenta las siguientes características:
- El salario medio de un campesino lebrijano en las diferentes faenas agrícolas en 1918 es de 2.75 pesetas. Para trasladar este dato a la realidad de la época basta con decir que una telera de pan costaba entre 0.75 y 0.90 céntimos [2]
- La coyuntura de conflictividad de 1918-1920 en Andalucía presentaba una imagen plural y compleja, encontrándose los principales focos de tensión en la sierra norte de Cádiz y el Bajo Guadalquivir.
- Este ciclo de protesta obrera se inserta en el marco de la Restauración y en su progresiva erosión, tanto de los partidos dinásticos como de las prácticas políticas. El movimiento obrero andaluz, lebrijano y cuerveño, se caracterizó por una importante intensidad, como así se puede observar en el año 1918 en que el movimiento anarquista encabezó la huelga general de los días 17, 18 y 19 de agosto y los altercados ocurridos en el campo lebrijano y cuerveño.
- En el otoño de 1918, las diferencias entre los campesinos y la patronal lebrijana en las negociaciones sobre las Bases de trabajo de invierno, condujo a la Huelga General campesina en los primeros días de noviembre. El 11 de noviembre, fruto de la mediación en el conflicto del alcalde José Bueno Granado (1/07/1917-4/01/1919), los trabajadores y la patronal acordaron conjuntamente las bases de trabajo. Se trataba de una reivindicación de carácter moderado que, sin embargo, la burguesía agraria lebrijana identificó como una apuesta decididamente revolucionaria, soviética. El contexto de crisis del sistema y el triunfo de la revolución bolchevique ayuda a entender esta visión.
- El fantasma de la Revolución Rusa y su presunta transposición a los campos andaluces fue profusamente agitado por sectores de la derecha social y política, que lo utilizó a modo de justificación en su propósito consciente de reducir el problema agrario a términos de cuestión de orden público y de instrumentalización de las masas campesinas por parte de unas minorías dirigentes bolchevizadas[3]. Así entendemos la reacción que va a tener la clase propietaria lebrijana ante este escenario: Después de la Huelga General convocado a nivel nacional por la CNT, a finales de marzo de 1919 y secundada mayoritariamente por los trabajadores lebrijanos, sectores de la burguesía agraria y el alcalde Miguel Gutiérrez Varela, proyectan la constitución de un Sindicato Mixto Católico de Patronos y Obreros[4]
- Evidentemente, el problema de la propiedad de la tierra estaba presente; sin embargo, entendemos que éste no vertebraba necesariamente la agenda reivindicativa ni programática del campesinado andaluz en las sacudidas de posguerra[5]. Así lo podemos apreciar en la memoria del alcalde Miguel Gutiérrez Varela (4/01/1919 – 1/04/1920 y 1/04/1922-2/10/1923) al Gobernador Civil. El 10 de mayo de 1919, se crea en Lebrija el Sindicato Agrícola Mixto Católico de Patronos y Obreros, que acabó fracasando poco tiempo después. En el Trienio Bolchevique, el año de 1920 es el de mayor conflictividad social en Lebrija. En él se produce una de las huelgas más largas de la historia del movimiento campesino andaluz. La Huelga General de los campesinos lebrijanos se desarrolló desde el 1 de mayo hasta el 1 de julio (dos meses)[6]
- La cuestión del poder político, especialmente en el espacio local, había sido un factor de indudable relevancia en el desenvolvimiento del periodo de agitación social conocido como “Trienio Bolchevique” (1918-1920); también lo fue en la estrategia seguida para la represión y desmantelamiento de aquél en el trienio siguiente (1921-1923), hasta la implementación de la solución dictatorial de Primo de Rivera[7]. Como atestigua la documentación conservada en el Archivo Municipal de Lebrija, 1919 y 1920 serán años en los que desde el gobierno lebrijano se solicitarán constantemente la mayor presencia de fuerzas de la Guardia Civil para la población de El Cuervo y se iniciarán los trámites oportunos para el establecimiento de una Casa-Cuartel en el mismo pueblo, asunto que se prolongará hasta 1923.
El Expediente del camino vecinal Lebrija-“Rodalabota”
El Expediente se inició el 7 de agosto de 1918 con el escrito firmado por 10 vecinos, propietarios, y el alcalde pedáneo que fue dirigido al alcalde proponiendo la solicitud de utilidad pública para el camino y finalizó el 8 de diciembre de 1920 con la diligencia de aprobación de la Comisión de Hacienda de los medios para la construcción del camino vecinal, aunque en plenos de los siguientes años se trataría el tema de manera puntual. Es necesario situarnos unos años antes para comprender la importancia que la zona de El Cuervo iba tomando para las autoridades lebrijanas, algo que nos ayudará a entender el motivo del expediente de 1918. En el pleno ordinario celebrado por el Ayuntamiento de Lebrija el día 16 de abril de 1910 (punto 13) se recogieron noticias de “peleas” y accidentes ocurridos en el campo y especialmente en el “parage (sic) de El Cuervo”:
Dio cuenta el señor alcalde de que por noticias recibidas de algunas pendencias y accidentes ocurridos en el campo y especialmente en el parage llamado del Cuervo, donde es numerosa la aglomeración de edificios y chozas, velando por la tranquilidad pública, para hacer más fácil el concurso de la autoridad había designado con la cualidad de alcalde de barrio para la zona del campo consideradas en ese concepto a D. José Bascuñana García”
Observamos, pues, que ya desde inicios de la segunda década del siglo XX, El Cuervo presenta un escenario social y laboral en conexión completa con las circunstancias políticas y sociales de todo el Bajo Guadalquivir. Por otro lado, estamos comenzando a ver, cada vez con más frecuencia, la preocupación constante de las autoridades locales por mantener un control estricto del orden público, haciendo mención, si es necesario, a descripciones exageradas del paisaje cuerveño y, sobre todo, del volumen de edificaciones y personas que lo habitaban, algo comprensible de cara a las frecuentes peticiones de fuerzas a la Gobernación Civil como vamos a empezar a ver en los posteriores años. 1919 fue testigo en El Cuervo de esta inquietud por parte de las autoridades locales, así se puede observar en la sesión plenaria de 26 de marzo con la petición de fuerzas de la Guardia Civil que se hacía desde Lebrija a la Gobernación de Sevilla. Se solicitaba un aumento de 3 parejas de caballería y 3 de infantería (entre ellos un cabo). Para ello, se argumentaba que en la localidad existía un Centro Obrero con más de 2.500 socios (de un total de 11.506 habitantes) y un poblado (El Cuervo) con más de 1.000 habitantes a 8 kilómetros. Aquí es donde queremos radicar una de las razones que explican el inicio del presente expediente para mejorar el camino vecinal de Lebrija a El Cuervo: la creciente preocupación de las autoridades de Lebrija por la creciente presencia de jornaleros en El Cuervo, el crecimiento del anarquismo en el campo lebrijano-jerezano y el mantenimiento del orden público (óptica de las elites lebrijanas).
En el mapa topográfico de Lebrija de 1918 podemos contemplar el trazado del camino vecinal de Lebrija a El Cuervo (en el mapa “Ventas del Cuervo”):

El 7 de agosto de 1918, 10 vecinos propietarios de terrenos en El Cuervo (“hacendados de Rodalabota”) presentaron un escrito dirigido al alcalde proponiendo la solicitud de utilidad pública para el camino, además de para constituir la Junta que se encargaría de la construcción del camino vecinal. A este escrito se sumó el alcalde pedáneo, Francisco García Del Cerro. Se trataba de Juan Sánchez Gómez, que en 1915 ya había solicitado al Ayuntamiento de Lebrija la construcción de varios edificios y la apertura de un pozo al pie de la carretera para dar inicio a una colonia en El Cuervo, José Sánchez Alva, Antonio Caro, Santiago Béjar, Antonio Pacheco, Baldomero Pacheco, Antonio Calderón Tejero, Antonio Leal, Miguel García Falcón y Juan Del Ojo.

Pocos días más tardes, el 15 de agosto se hacía eco el Ayuntamiento a través de la figura de su secretario dirigiendo una solicitud a nombre del alcalde del municipio lebrijano al ministro de Fomento en la que se le comunicaba, formalmente, la petición de declaración de utilidad pública “del camino vecinal del poblado de Rodalabota de esta villa”. De este documento y del certificado emitido por el Ayuntamiento de Lebrija por su secretario, Fernando Domínguez de Cepeda, con fecha de 24 de agosto de 1918, podemos extraer que fue el Conde de Halcón (Antonio Halcón y Vinent), diputado a Cortes por el distrito de Utrera, el que recondujo la cuestión en términos políticos al solicitar a Miguel Gutiérrez Varela que diera respuesta a la petición de los 10 propietarios a través de un acuerdo plenario en Lebrija “para unir al poblado de Rodablabota con esta villa de Lebrija”. De esta intención manifestada por el Conde de Halcón podemos detraer clara intencionalidad en lo que respecta a una propuesta política para integrar los dos núcleos urbanos que conformaban la población del municipio de Lebrija. En líneas posteriores del presente documento, el propio Gutiérrez Varela hace mención expresa al “gran incremento que está adquiriendo dicho poblado (El Cuervo)”, argumento que refuerza la propuesta del conde.
Por otro lado, encontramos también argumentos en favor de una visión económica acerca de necesidad de mejorar las comunicaciones con un claro objetivo comercial (“es preciso dotarlo de los medios de comunicación necesarios para con esta villa”), reforzando, por tanto, la visión de la autoridad en cuanto al fomento y desarrollo de las actividades mercantiles, la facilitación del consumo y las comunicaciones, así como el desplazamiento de las fuerzas del orden a un núcleo de población creciente que tenía cada vez más importancia en el tablero del juego político que comenzaba a adquirir cada vez más peso por la mayor presencia de jornaleros y campesinos que militaban y simpatizaban con las ideas anarquistas. Así encontramos en el mismo certificado las siguientes referencias: “pues el gran número de vecinos que allí residen habitualmente se ven privados durante casi todo el año de poder concurrir a Lebrija, con gran perjuicio para ellos y para los intereses de esta localidad”.
El Ayuntamiento acordó por unanimidad que el alcalde, por conducto del Ingeniero Jefe de Obras Públicas de Sevilla, dirigiera la solicitud al Ministro de Fomento, como así certificaba el secretario con fecha de 24 de agosto de 1918.

El mismo día, los diez vecinos propietarios trasladaban su petición al Gobernador civil de Sevilla para constituirse en Junta Administrativa con el objetivo de poder concursar en las subvenciones para la construcción de caminos vecinales.
Para seguir los cauces establecidos por la normativa de la época y así poder concursar a las subvenciones y anticipos que la administración estatal ofrecía, el Ayuntamiento de Lebrija tuvo que presentar la propuesta de construcción del camino a la jefatura de obras Públicas.

El expediente conserva la propuesta formal que el Ayuntamiento de Lebrija presentó al concurso para una posible subvención o anticipo, con fecha de 31 de agosto. De este documento podemos extraer una información interesante a la vez que representativa:
- La longitud total del camino se cifra en 15 kilómetros y el coste total (por parte de los peticionarios) en 300.000 pesetas (coste medio por km: 20.000 pesetas).
- En el documento se hace referencia a que del total de 15 kilómetros que tiene el camino, 7 están en término municipal de Lebrija y 8 en el de Rodalabota. Aspecto más que relevante dado que era una pedanía y no tenía, por tanto, término propio.
- En proporción a los kilómetros que recorría el camino en cada término, el coste se repartía de la siguiente forma: 140.000 pesetas para Lebrija y 160.000 para El Cuervo, correspondiéndole, según ley, un 54% de subvención a la parte del camino en Lebrija (75.600 pesetas), contribuyendo por tanto de manera obligatoria Lebrija con 64.400 (hasta 140.000 pesetas) y un 84% a la de Rodalabota (134.400), por lo que tendría que contribuir con 25.600 pesetas (hasta 160.000 pesetas).
- A las cifras anteriores, se sumaban 5.000 y 10.000 pesetas respectivamente bajo el concepto de “parte con la cual, además de la obligatoria, contribuirá voluntariamente cada pueblo por pedirlo de menos en la subvención o sea baja en la misma”. A estos efectos, la suma total con la que contribuiría cada pueblo sería: Lebrija 69.400 y Rodalabota 35.600 pesetas. Todo para jornales y materiales.
- La construcción del camino vecinal la llevaría a cabo directamente el Ayuntamiento.

En los meses de septiembre y octubre, el Boletín Oficial de la Provincia (BOP) de Sevilla reflejaría los siguientes pasos en la administración del asunto en cuestión. El 4 de septiembre, se publicaba en el BOP el anuncio sobre la declaración de utilidad pública del camino y se iniciaban los 15 días de información a los/as vecinos/as y formulación de reclamaciones. Diez días más tarde, se volvería a publicar en el BOP (14 septiembre 1918) una noticia referida al camino vecinal de El Cuervo a Lebrija indicando que no se había presentado ninguna reclamación. Finalmente, el 11 de octubre se acabarían publicando los datos del concurso del 31 de agosto y el 30 del mes de octubre se haría oficial la admisión del camino para la subvención, hecho que se reflejó en La Gaceta (actual Boletín Oficial del Estado) el 9 de enero de 1920, incluyéndose en el concurso de subvenciones para caminos vecinales el de Lebrija a la Aldea de Rodalabota.
En esta vorágine de fechas, tras incluirse la construcción del camino en las subvenciones estatales, vamos a encontrar un momento clave para dar un salto a la realidad de lo que será el camino vecinal Lebrija-Rodalabota en la comunicación que el Ingeniero jefe de la Provincia, informado previamente por el director general de Obras Públicas, dirigió al alcalde de Lebrija donde se recogía un presupuesto total de 185.209´81 pesetas, de las que 82.165´56 corresponderían al Estado (44.3%). En este documento, fechado a 9 de octubre de 1920, se puede constatar la aprobación definitiva del proyecto y la orden de que se iniciaran las obras lo antes posible (“Los Ayuntamientos interesados podrán empezar desde luego las obras”).
En el documento anterior se hace referencia a que se remitió copia de los datos fundamentales del proyecto. Ya en este documento podemos observar como la longitud del camino que sería sometido a obras se redujo de 15 kilómetros a un total de 7.95 kms (5.8 en Lebrija y 2.15 en El Cuervo). Se pueden apreciar importantes diferencias, en términos económicos, desde el proyecto inicial planteado por la Junta que se constituyó en Lebrija en 1918 con respecto a lo que definitivamente se aprobó con motivo de la subvención con fondos estatales en 1920. Finalmente, para cerrar el expediente, se recogería el acuerdo aprobado por el Ayuntamiento de Lebrija, en sesión plenaria celebrada el 8 de diciembre de 1920, para que la Comisión de Hacienda “buscara” los medios para recaudar “la cantidad con la que ha de contribuir la Corporación Municipal a la construcción del camino vecinal de esta villa a la aldea de Rodalabota”.
Un asunto que no terminaba definitivamente, aunque sí el expediente documental, tomaba un nuevo camino. Dado que los fondos estatales, fruto de una subvención de la que hemos alumbrado el camino para su consecución, estaban conseguidos, se hacía necesario ahora poner medios para complementar la parte procedente de los fondos municipales. En este caso, ya es asunto de otros expedientes y documentos del Archivo Municipal de Lebrija.
Aunque el expediente de 1918 fue un paso administrativo fundamental, el acondicionamiento definitivo del camino y su transformación en carretera se desarrolló a lo largo de las décadas siguientes. El expediente de 1918 constituyó, por tanto, un precedente claro de la actual carretera que une ambos municipios y un testimonio del esfuerzo por mejorar las infraestructuras rurales en una época de transición hacia la modernidad del transporte, aunque también una época de profundas tensiones y enfrentamientos en lo social y político.
[1] CRUZ ARTACHO, Salvador (Coord.): El Trienio Bolchevique. La influencia de la Revolución Rusa en Andalucía. Sevilla: Fundación Pública Andaluza Centro de Estudios Andaluces, 2018.
[2] PULIDO MATOS, Manuel: Historia de un pueblo andaluz: Lebrija, de la Revolución Gloriosa a la Democracia, 1868-1979. La cuestión social: los campesinos sin tierra. Lebrija: Imprenta lebrijana, 1998, p. 156.
[3] CRUZ ARTACHO, Salvador, ob. cit., p. 133.
[4] CRUZ ARTACHO, Salvador, ob. cit., p. 164.
[5] CRUZ ARTACHO, Salvador, ob. cit., p. 136.
[6] PULIDO MATOS, Manuel, ob. cit., p. 177.
[7] CRUZ ARTACHO, Salvador, ob. cit., p. 157.



Excelente, el pasado alumbra nuestro presente.
Gracias 🙏