El 7 de noviembre de 1933 se publicaba en la Gaceta de Madrid (actual Boletín Oficial del Estado) el decreto que con fecha de 5 del mismo mes ordenaría la rectificación del Censo Electoral por parte de la Dirección General del Instituto Geográfico, Catastral y de Estadística. Desde el inicio de la II República se planteaban urgentes e importantes cambios y modificaciones en el ámbito electoral. Así lo demostraba el decreto de 8 de mayo de 1931 que modificaba la ley electoral de 1907 en dos aspectos fundamentales: 1. Se rebajaba la edad mínima para obtener la condición de elector/a (de 25 a 23 años) y 2. Se incluía como elegibles a mujeres y sacerdotes. El 26 de enero de 1932 entraba en vigor un nuevo decreto en el que se aprobaba la formación del correspondiente censo electoral, dado que se incluían en el mismo hombres y mujeres mayores de 23 años, que fueran vecinos o con un año de residencia ininterrumpida y funcionarios públicos residentes en el municipio y se elaboraba una lista adicional de aquellos que adquirieran la condición de electores a partir de la fecha de la publicación del censo hasta el 1º de noviembre del año siguiente. Finalmente, el 5 de noviembre de 1932, un año antes del decreto citado más arriba, se publicaba un nuevo decreto por el que se autorizaba a la Dirección General del Instituto Geográfico, Catastral y de Estadística para ordenar la comprobación de los Censos electorales que considerase defectuosos. Podemos concluir, tras este breve recorrido por la nueva normativa electoral republicana, que la rectificación del censo electoral hasta entonces vigente se hacía necesaria y de inmediata ejecución para democratizar cualquier proceso electoral que tuviera lugar.
El contexto histórico del documento de este mes sitúa a El Cuervo en los años relativos al denominado Bienio radical-cedista o Bienio de derechas de la II República (noviembre 1933-febrero 1936). Tras los desencuentros que tuvieron lugar entre el PSOE y la Izquierda Republicana de Azaña, protagonizados fundamentalmente por hechos como los sucesos de Casas Viejas (enero 1933) y la Reforma Agraria, así como por la presión y oposición de la derecha, la coalición republicano-socialista acabó rompiéndose en el verano del año 1933, a lo que siguió la disolución de las Cortes que Alcalá-Zamora decretó y la convocatoria de elecciones generales para noviembre del mismo año. La victoria electoral se produjo debido a que las fuerzas de derechas no republicanas se presentan en una gran coalición que se formalizó poco tiempo antes de los comicios (12 octubre 1933) bajo la denominación de Unión de Derechas y Agrarios, siendo la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) el partido hegemónico de esta alianza, y a que la izquierda se presentaba fragmentada a consecuencia de los desacuerdos fundamentales entre socialistas y republicanos de izquierda. En estas circunstancias, y teniendo presente que la ley electoral de 27 de julio de 1933 primaba a la mayoría, es decir, otorgaba un plus de diputados a las candidaturas que obtuvieran más votos, por lo que la coalición era una fórmula que casi aseguraba la victoria o unos buenos resultados.
Los comicios de noviembre de 1933 se saldaron con la victoria de la derecha (CEDA de José Mª Gil Robles) y del centroderecha (Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux) y la derrota de los republicanos de izquierda y de los socialistas. La tarea de gobierno se centró en la amnistía de los golpistas que en agosto de 1932 encabezados por el general Sanjurjo intentaron asaltar la legalidad de la República y en el descuaje y revisión de las principales reformas iniciadas en el primer bienio, especialmente la Reforma Agraria, las reformas sociales y religiosas y la propia Constitución de 1931. Este bienio de las derechas en la II República tendría otro acontecimiento de especial relevancia: la Revolución de octubre de 1934. Finalmente, sería el estallido de dos graves casos de corrupción, Nombela y Estraperlo, lo que pondría final a este bienio radical-cedista.
Lebrija y El Cuervo, en los últimos meses de 1932 vieron organizarse a sus sectores más conservadores que se agruparon en Acción Popular (Manuel Pacheco y José Bellido Ahumada), Unión Comercial, Acción Ciudadana de la Mujer (sección femenina de Acción Popular) y la Asociación Católica de Padres de Familia. A partir de enero de 1933, el paro alcanzó a la casi totalidad de los jornaleros de Lebrija y El Cuervo, por lo que la conflictividad se intensificó en pocos meses. Así, en la primavera la CNT acabó llamando a la Huelga General, llegándose a una situación de tensión social extrema a finales de 1933. En el mes de diciembre se produjo un cambio en la alcaldía de Lebrija, José Falcón dimitió y Antonio Calvo Ruiz fue elegido. Junto con Manuel Reyna, es la figura histórica más importante de Lebrija en la II República. Se iba a producir un tremendo choque entre la administración municipal de Lebrija y la del gobierno central de Madrid.
Antonio Calvo Ruiz desarrollaría todo un programa de medidas orientadas a la mejora de las condiciones de vida de los jornaleros lebrijanos y cuerveños. Con el cambio de gobierno en Madrid se produjo una maniobra que acabaría con la destitución de Antonio Calvo Ruiz y el nombramiento como nuevo alcalde de Agustín de la Cuesta Díaz de la Serna, cabeza visible de la burguesía agraria lebrijana y de los sectores más reaccionarios y antirrepublicanos. Entre el 7 de octubre y el 4 de junio de 1935, son clausurados los Centros Obreros anarquistas de Lebrija y de El Cuervo. Desde los primeros días de este nuevo equipo de gobierno se observaría un clima político tensionado y de persecución contra los miembros de izquierda de la anterior Corporación municipal[1].
Para comprender las condiciones de vida que la población de El Cuervo tenía en estos años (1933, 1934 y 1935) nos podemos remitir al artículo que un grupo de vecinos enviaron al diario ABC y que éste publicó en su edición de 28 de enero de 1933:
Se hace necesario realizar un ejercicio de contraste de fuentes para construir una versión lo más cercana posible a la realidad social de El Cuervo de los años 33, 34 y 35 del siglo XX. En el artículo expuesto anteriormente, los/as vecinos/as denunciaban una serie de carencias fundamentalmente relativas a cuestiones sanitarias y educativas, entre otras, algo que si acudimos a las actas capitulares de las sesiones plenarias del Ayuntamiento de Lebrija observamos que son asuntos que se vienen tratando y poniendo sobre la mesa por las autoridades lebrijanas desde la década de los años 20.
La Educación vivía un panorama de escasez en cuanto a infraestructuras y recursos humanos como se ve en que desde 1900 a 1921 solo se habían construido en toda España con ayuda del Estado 216 escuelas, entre 1923 y 1927 se construyeron 400 y entre 1927 y 1929 se hicieron ya 1.500 aulas por año. En el Cuervo, durante el bienio republicano-socialista, se aprobó un expediente, en 1931, para la construcción de un grupo escolar en El Cuervo, asunto que se retomaría en el bienio de derechas en varios momentos, aunque sin llegar a materializarse como podemos comprobar acudiendo a las actas plenarias:
- El 13 de mayo de 1933 se recogía el escrito del Consejo Local de 1ª Enseñanza en el que se solicitaba que se activara la tramitación del expediente de construcción del grupo escolar iniciado en 1931.
- El 31 de mayo de 1935, por Orden ministerial, se aprobaba el proyecto de grupo escolar en El Cuervo y la concesión de una subvención de 26.000 pesetas para el mismo.
- El 18 de octubre de 1935 se aprobaría prorrogar el contrato de arriendo del local de la escuela de El Cuervo y de una habitación para su maestro. Estamos ante la evidencia clara y contundente que el proyecto de Escuela para El Cuervo a finales de 1935 no era ni siquiera el inicio de una realidad.
Otro asunto que también se recogía en el artículo de ABC era la cuestión sanitaria. La prestación del servicio médico se hacía muy difícil en su desempeño a pesar de que oficialmente había un médico designado para la atención de El Cuervo, Alfonso Gil Romero, como así se puede apreciar en el informe médico que se recoge en las actas plenarias con fecha de 11 de marzo de 1933.
La cabeza política visible, en términos institucionales, es decir, el alcalde pedáneo durante este periodo del bienio radical-cedista en El Cuervo fue Cecilio Muñoz Rincón, persona que tuvo que afrontar lo que ya comenzaba a ser una constante en la vida social y política de El Cuervo, y que acabaría llegando hasta la década de los 80 del siglo pasado: demandas sociales por una mejora de las condiciones de vida de la población cuerveña. Durante los años de 1933 a 1935, El Cuervo fue testigo de las moratorias y la desatención de las cuestiones sanitarias y educativas, aspectos primarios como se denunciaban en la columna del diario ABC que en la población cuerveña se encontraban en niveles de desatención extremadamente alarmantes.
Una radiografía social y económica del censo electoral de El Cuervo en 1934
El padrón municipal de Lebrija de 1935 para la población de El Cuervo recoge un total de 626 habitantes, cifra que se desglosa en 301 mujeres y 325 hombres. Se trata de una cifra que hay que matizar dado que una parte considerable, que no alcanzamos a cuantificar dada la absoluta escasez de fuentes al respecto, era población flotante y de carácter estacional, completamente unida a las “faenas” del campo y a su carácter estacional. Esto generaba, como sí aparece en las fuentes de manera indirecta, una acumulación de población que por estas fechas fácilmente sobrepasaba el millar de personas en el entorno de El Cuervo.
Presentamos el Censo Electoral del término municipal de Lebrija, en concreto el distrito cuarto en su sección tercera, que recoge un distrito de población repartida en un ámbito territorial mayor que lo que corresponde al núcleo de población de El Cuervo en nuestros días. Es por ello por lo que hemos centrado el análisis que presentamos en los domicilios bajo el nombre de El Cuervo, Barriada de El Cuervo, El Gamo, El Pinar y Estación, esta última por la relación económica y política que mantuvo de manera intensa en el primer tercio del siglo XX tanto con Lebrija como con El Cuervo. El censo que presentamos aquí recoge un total de 427 personas, de las que 366 corresponden a los domicilios ubicados en el núcleo de El Cuervo actual, dividido en 128 mujeres y 238 hombres. En este caso, el censo, como en líneas anteriores hemos referido al hablar de la legislación electoral, incluye a la población mayor de 23 años (condición indispensable para ejercer el derecho a voto). Así pues, un primer elemento a resaltar es que el equilibrio entre sexos que se aprecia en las cifras del padrón municipal se rompe en el caso del censo electoral (de 50-50 pasamos a aproximadamente una relación de un tercio-dos tercios).
| Censo Electoral 1934. Distrito 4º. Sección 3ª | ||
| Nº Electores (total) | Hombres | Mujeres |
| 366 | 238 | 128 |
Desde el presente documento vamos a plantear un análisis demográfico de la estructura de la población cuerveña de 1934:
| GRUPOS DE EDAD | |||||||||
| 23-30 años | 31-40 años | 41-50 años | 51-60 años | +60 años | |||||
| 76 (20.7%) | 101 (27.6%) | 98 (26.8%) | 44 (12.1%) | 47 (12.8%) | |||||
| H | M | H | M | H | M | H | M | H | M |
| 44 (57.9%) | 32 (42.1%) | 72 (71.3%) | 29 (28.7%) | 70 (71.4%) | 28 (28.6%) | 25 (56.8%) | 19 (43.2%) | 27 (57.4%) | 20 (42.6%) |
Ver los datos electorales desde un prisma demográfico nos ayuda a entender la realidad social cuerveña de 1934. En primer lugar, no podemos obviar el grupo de población joven que no aparece cuantificado en esta fuente dado que se trata de un documento de naturaleza electoral y como hemos reseñado anteriormente solo la población mayor de 23 años tenía la condición de elector/a. Así pues, contrastando los datos del padrón municipal de Lebrija de 1935 y los datos del censo electoral de 1934, en los domicilios relativos a El Cuervo, se aprecia que de 366 a 626 existe una diferencia de 260 personas que son las que constituirían el extenso grupo de edad que va de 0 a 22 años. Esta operación nos hace confirmar el enorme peso que la población joven tenía, también en Andalucía y España, sobre el total de la población. Así se recoge en el artículo del diario ABC cuando se hace referencia a la existencia de “más de 300 niños” para una sola escuela mixta. En términos demográficos, estamos ante una población que representa un modelo demográfico todavía joven o en proceso de transición hacia lo que va a ser el modelo demográfico envejecido en que nos encontramos en nuestros días. En cuanto al peso de los grupos de edad establecidos, podemos establecer las siguientes conclusiones:
- Los grupos de edad 31-40 y 41-50 son los que concentran más población, 27.6% y 26.8% respectivamente. Aquí es necesario introducir el matiz de las circunstancias sociales y económicas que explican el auge demográfico de El Cuervo a partir de la década de los años 30-40 y, sobre todo, 50 del siglo XX. Se convirtió en un foco de atracción laboral que acabó recogiendo, mayoritariamente, a hombres jóvenes en busca de trabajo, jornaleros, que más tarde formaban familia o, si ya la tenían, acababan por traerla a suelo cuerveño.
- Se produce una disminución de la población cuerveña a partir de los 50 años de edad, comprensible teniendo presente que la esperanza de vida en España y Andalucía en estas fechas rondaba los 50 años, aunque había experimentado un notable aumento desde los 35 años de principios de siglo.
- Si se desglosa el grupo de más de 60 años y se extrae un subgrupo de más de 70, podemos observar un total de 17 personas, 6 hombres y 11 mujeres. Solo 1 persona contaba con 80 años en El Cuervo en 1934. Para explicar esta reversión en cuanto a la relación de hombres y mujeres en los distintos grupos en que hemos divididos las edades es necesario recurrir a factores biológicos, sociales y culturales.
- La relación entre hombres y mujeres en los grupos de edad planteados parte de un primer grupo, el de 21-30, en el que es favorable para el hombre en algo más de un 50%, para situarse en los siguientes grupos en casi un 75% y perder peso en favor de la mujer en los grupos de edad más elevados. Así alcanzamos una absoluta reversión de los términos a partir de los 70 años.
Esta fuente nos ofrece otro elemento muy suculento en cuanto al análisis social de la población cuerveña de 1934: la alfabetización. De un total de 366 personas, solo 94 sabían leer y escribir (25.7%) frente a 272 que vivían en el más profundo analfabetismo (74.3%). Si introducimos una visión de género en esta cuestión, observamos que de 128 mujeres registradas en el censo solo 27 dominaban las artes básicas de la lectura y la escritura (21.1% alfabetizadas frente a un 78.9% que no lo estaba). En cuanto al hombre este porcentaje era de un 28.2%. Si realizamos una comparación con los datos de 1930 de la provincia de Sevilla, observamos que el % de analfabetismo en las mujeres se situaba en un 51.4% (más de 27 puntos por debajo de las mujeres cuerveñas). En el caso de la población masculina, el analfabetismo en la provincia de Sevilla se situaba en un 42.2%, casi 30 puntos menos que los hombres de El Cuervo (71.8%). En términos generales, la población de la provincia de Sevilla rondaba el 46% de analfabetismo, dato muy por debajo del 74.3% que alcanzaba la población cuerveña por entonces.
En su obra “Viajes por las escuelas de España”, Luis Bello reflexionó sobre la cuestión del analfabetismo y determinó que se debía a una confluencia de varias causas fundamentales: diseminación de la población, pastoreo, régimen de propiedad de la tierra, aislamiento e incomunicación, aunque hizo especial hincapié en 3 factores determinantes: carácter urbano o rural del lugar de residencia (muy rural en el caso de El Cuervo), su nivel de escolarización (muy bajo dada la existencia de una sola escuela con capacidad para 50 niños/as ante la existencia de más de 300 en El Cuervo) y la pertenencia al sexo masculino o femenino (como hemos visto en el caso cuerveño mayor para las mujeres):
Vivir en un área rural o en las agropoblaciones del sur, sureste, oeste o noroeste (Andalucía, Murcia, Extremadura, Galicia) suponía en la mayor parte de los casos ser analfabeto. En especial, si además se pertenecía al sexo femenino.
En la siguiente tabla podemos observar un análisis más detallado del % de alfabetización con relación a los grupos de edad y el sexo:
| ALFABETIZACIÓN EL CUERVO 1934 | |||||||||
| 23-30 años | 31-40 años | 41-50 años | 51-60 años | +60 años | |||||
| 76 (38.1%) | 101 (19.7%) | 98 (21.4%) | 44 (31.8%) | 47 (23.3%) | |||||
| H-44 | M-32 | H-72 | M-29 | H-70 | M-28 | H-25 | M-19 | H-27 | M-20 |
| Alfabetizados (25%) | Alfabetizadas (13.1%) | Alf. (13.8%) | Alf. (5.9%) | Alf. (16.3%) | Alf. (5.1%) | Alf. (22.7%) | Alf. (9.1%) | Alf. (19.1%) | Alf. (4.2%) |
En este caso, las tasas de alfabetización son muy inferiores a los datos que se observan para la provincia y afectan especialmente a las mujeres que en varios grupos de edad se sitúan en torno al 5% e incluso por debajo de esta cifra. Haciendo uso del lenguaje escrito podemos decir que por ejemplo las cuerveñas que en 1934 tenían entre 31 y 50 años no sabían leer ni escribir en cifras que rondaban el 95%. Un pleno analfabetismo que va a explicar el surgimiento de iniciativas como la fundación del Ateneo “Los Amantes del Progreso” a manos de José Moreno Vargas en este mismo año, recogiendo en sus estatutos como uno de los principales objetivos alcanzar la alfabetización de los trabajadores y trabajadoras. Los documentos hablan cuando les preguntamos, claro está, si sabemos elegir bien las preguntas.
Este censo nos permite, por otro lado, realizar una radiografía en aspectos sociolaborales, al permitirnos extraer un decálogo de las profesiones que la población cuerveña tenía en 1934. En términos generales y como reflejo de la estructura de la propiedad agraria, de las circunstancias que explican el origen de El Cuervo como núcleo de población y de su ubicación entre el marco de Jerez, la sierra de Cádiz y del pueblo de Lebrija el grueso de los trabajos que se desarrollaban estaba dentro del campo y sus faenas. Así pues, 207 de 238 hombres (87%) se dedicaban a estas labores, siendo, para el caso femenino, un 95% de mujeres las que se dedicaban a “su casa”. Solo 6 realizaban tareas fuera del hogar: 3 en el campo, 1 costurera y 2 sirvientas.
El resto de las profesiones y ocupaciones se explican como oficios que orbitan en torno a los principales trabajos o que satisfacen necesidades primarias acorde al nivel de vida y las condiciones materiales más básicas (calero, carpintero, comercio, dependiente, herrador, hojalatero, panadero, zapatero, etc.)
| PROFESIÓN, OFICIO u OCUPACIÓN | |||
| Agricultor | 5 | Ferroviario | 1 |
| Barbero | 2 | Herrador | 1 |
| Calero | 1 | Hojalatero | 1 |
| Campo | 179 | Industrial | 1 |
| Cantinero | 1 | Jornalero | 31 |
| Carpintero | 1 | Panadero | 1 |
| Carrero | 1 | Propietario | 2 |
| Chófer | 1 | Ranchero | 1 |
| Comercio | 1 | Sirvienta | 2 |
| Costurera | 1 | Su casa | 122 |
| Dependiente | 1 | Zapatero | 6 |
Para cerrar el texto del documento del mes vamos a volver al artículo publicado en el diario ABC en enero de 1933 por un grupo de vecinos/as de El Cuervo con la intención de leer dichas circunstancias en el censo electoral de 1934 y así poder clarificar las condiciones de vida que tenía la población cuerveña en el primer tercio del siglo XX. La “Andalucía Trágica” de José Martínez Ruiz, Azorín, de 1905 no era otra cosa más que la realidad desgarradora y dura hasta la extenuación que les tocaba vivir a los vecinos de aquel pueblo de El Cuervo de 1934 que, como hemos visto en el diario ABC, clamaba por el mínimo contacto con la “civilización y con la modernidad” y, a la vez, por no tener que seguir llevando a sus difuntos en carros empujados por sus propias manos y a pie hasta el cementerio de Lebrija.
La realidad cotidiana golpeaba sin descanso a una población en la que a diferencia de Lebrija, donde había una pequeña élite de labradores ricos, algunos propietarios y un ínfimo sector medio, El Cuervo recogía a una masa de población que integraba exclusivamente lo que podemos llamar campesinado, incluyendo en esta denominación tanto a jornaleros como a pegujaleros, modestos arrendatarios, pastores, vaqueros, guardas de fincas y otros peones agrícolas sin otro medio de subsistencia que sus propias manos. En Lebrija constituía un 80% de la población frente al 95% de El Cuervo.
Los jornales de la población eran realmente cortos. A principios de siglo, el ingreso medio de los trabajadores españoles era de 4 pesetas diarias, mientras el salario de un trabajador cuerveño o lebrijano apenas alcanzaba 1.5 pesetas (PULIDO MATOS, Manuel: Lebrija entre dos siglos (1876-1936), Lebrija, 1999). El gasto medio anual de una familia lebrijana y cuerveña de 5 miembros era de unas 600 pesetas y el ingreso medio anual de un jornalero varón era inferior a 500 pesetas. Y esto era en años de bonanza, pues en los años de crisis agrícolas, como consecuencia de una sequía o de lluvias abundantes, el ingreso anual de un jornalero difícilmente alcanzaba las 150 pesetas. Precisamente los bajos salarios constituyeron el principal motivo de conflicto social en las primeras décadas del siglo XX en Andalucía[2].
Respecto a las viviendas, Azorín, en su visita a Lebrija en 1905, describió viviendas insalubres que concentraban a varias familias en espacios muy reducidos, amontonados, hambrientos y con horribles padecimientos. En el caso de El Cuervo, esta situación era más extrema dado que las construcciones existentes en aquellos años prácticamente se reducían a chozas. Hasta los años 40 y 50, el propio Ayuntamiento de Lebrija no tomó partido por abordar esta problemática en El Cuervo dando inicio a las primeras urbanizaciones y edificaciones de viviendas de iniciativa estatal.
La situación era tan extrema en este primer tercio del siglo XX que todavía asistimos en esta época a crisis de subsistencia, más propias de los siglos XVII, XVIII y XIX, que derivaban en las conocidas revueltas del pan como fue la que tuvo lugar en Lebrija y en El Cuervo en 1905. El 18 de marzo se produjo un motín popular que concluyó con el saqueo de diversos establecimientos de comestibles por una masa popular hambrienta[3]. Para el caso de El Cuervo tenemos constancia documental de altercados ocurridos en torno al año 1910 por motivos similares. El Cuervo era un pueblo donde se moría de hambre.
En estas circunstancias, las autoridades solo actuaban para evitar desórdenes públicos. El mismo Azorín recogería literalmente el 9 de marzo de 1905 en El Imparcial la siguiente reflexión al respecto: “(…) el principal agente fomentador del anarquismo (era) el desvío y la inactividad de los poderes públicos ante el conflicto de las subsistencias y la cuestión agraria”. Además, el corresponsal de ABC Calzado, que también visitó la zona, responsabilizó de la situación directamente a los propietarios que poseían amplias extensiones de tierra sin cultivar que, estimaban, podían suponer aproximadamente un tercio del campo cultivable existente en la comarca. Aparece aquí una señal que alumbrará el camino que en décadas posteriores se va a tomar: dirigir la mirada hacia las Marismas. Ya en 1917 se hizo referencia a los numerosos proyectos que se habían presentado y que no encontraron materialización, algunos de ellos incluso en el siglo XIX. El campesino cuerveño, como parte integrante de Lebrija, también pudo haber sido partícipe de esta solución. Como sabemos, esto nunca ocurrió.
[1] PULIDO MATOS, Manuel: Historia de un pueblo andaluz: Lebrija, de la Revolución Gloriosa a la Democracia. 1868-1979. La cuestión social: los campesinos sin tierra. Sevilla, 1998.
[2] NAVARRO DOMÍNGUEZ, José Manuel: El movimiento obrero en Lebrija en las primeras décadas del siglo XX. Actas Jornadas de Historia “El Bajo Guadalquivir entre los siglos XVIII y XX, pp. 253-264, 2012.
[3] GÓMEZ MARTES; Lola: “La conquista del pan: 100 años de Azorín en Lebrija”, Lebrija digital, 8 de mayo de 2007.


Qué bueno es saber de dónde venimos.
Mil gracias Antonio